Analogías y emociones
Esta imagen me remitió a la novela venezolana: Ana Isabel, una niña decente
de Antonia Palacios, por el papel de la protagonista. La puesta en escena, es la
representación simbólica de sentirse “desajustada” en un espacio, que ya te es
extraño. Esa sensación de no caber en ese lugar que fue conocido, de “no encajar”,
es un reflejo de la necesidad de avanzar hacia otros caminos.
Mirando más allá de lo evidente, la imagen transmite un deseo, expresado
externamente en el choque entre las proporciones del niño ante
lo que se ha convertido su diminuto espacio.
De ser una forma, sería una mariposa saliendo de una oruga, por ser el
reflejo de esa necesidad imperante de cambios, ese nuevo camino que olería a
mar, a libertad.
Así como ocurre con la
protagonista de la obra literaria de Palacios, el cuerpo es un reflejo de lo
que ocurre internamente. Esas transformaciones que se suscitan en el ser
humano, en distintas épocas de la vida, entre las que figura la que se presenta,
pasar de la niñez a la adolescencia.
El foco central se sitúa en
el joven que destaca incluso por la prevalencia del tono de piel y la claridad
devela los colores pasteles y atenúa los marrones de la madera de los
mobilarios que lo rodean.
El hecho de que solo su
cabeza logra reposar en la cama y que se deje entrever la expresión congojada,
aunque se tapa el rostro con su mano, despierta sentimientos de frustración y
perturbación que mueven al pequeño que solo permanece con su ropa interior.
La fotografía suscita a la
reflexión, qué se pretende promover, ¿A qué sentimientos remite esa
imagen?, ¿Alguna
vez has sentido las emociones que percibes con esa imagen?



